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miércoles, 16 de febrero de 2011

recuerda mi sombra...


Margarita camina como un ser inanimado, su sombra es más tenue y sus pasos más lentos; Daniela, su hija, no tuvo tiempo de cambiar su uniforme del colegio y, al abrazarla, la ayuda a direccionar su caminar hacia las oficinas del trabajador social. Al llegar, escuchó lo que tanto temía y tanto deseaba escuchar: "su hijo ya viene en camino, Margarita, hoy llega a las 6 y40 en el vuelo de la capital".
Don José mira a través de la ventana hacia el campo donde el ágave permanece silente ante tanta violencia que se monta en el viento de la tarde, sabe que la mirada de su hijo ha cambiado, es más fuerte y profunda. Sabe que con el tiempo las personas no pueden volverse tan malas ni llegar a impregnarse del olor de la muerte con tanta facilidad, "es como el olor de un carnicero, pero se que lo disfruta, él ya no es mi hijo" me decía con su voz apagada y temblorosa. Mientras encendía un cigarillo, Don José miraba la foto de su hijo, un portarretrato plateado que estaba encima de un equipo de sonido digno de una discoteca, aunque el viejo caserío donde vivían, a 30 minutos saliendo de Tamaulipas, no llegaba a cubrir la mitad del costo de uno de los parlantes. Cuando salíamos del lugar, dos camionetas último modelo llegaban a la casa de don José, quien maneja la primera es su hijo. "Estos infelices andan así, como si nada, saben que son los dueños de esta zona, pinches cabrones..." me decía uno de los agentes que nos acompañaba.
Cuando llegamos al aeropuerto "Mariscal Lamar", Margarita y "el compadre", se acercaban temblorosos a la entrada VIP de la salida nacional, "recuerdo cuando me subí al avión la primera vez, se me hizo más difícil porque cuando me fui a los Estados Unidos, me fui por tierra mi señor, sentía como un hueco en la barriga y pensaba que me iba a morir verá..." sollozaba mientras su mano izquierda apretaba un pequeño crucifijo amarillo. "Me toco regresar por el mismo Christian, porque ya no quería estudiar, quería dejar el colegio porque se había jalado el año y quería trabajar, imagínese! yo pobre tuve que trabajar una semana seguida en una casa a cambio del pasaje de avión, solo para ver que le pasaba al guambra majadero". Mientras cuenta su historia, se anuncia la llegada del vuelo 155 procedente de la ciudad de Quito. Los oficiales del aeropuerto nos conducen hacia un parqueadero especial, a un lado de la pista de aterrizaje, de pronto, el vehículo que acarrea las maletas trae un cartón cuidadosamente embalado en plástico, mientras Margarita, llora como un niña, desconsolada, sus gritos son silentes, pero al mismo tiempo rompen los grandes ventanales del aeropuerto; el cielo, agrietado y oscuro empieza a llorar desconsolado junto a la pequeña y joven mujer. Tanto dolor en una vida han hecho que Margarita, que solamente tiene 31 años, parezca una mujer de 50. Al abrir las puertas del parqueadero, Diana, su tía y su abuela están esperando a que la carroza fúnebre salga "nosotros también le vamos a acompañar al Christian, solo eso le pedimos señor"; una carroza fúnebre no es exactamente un transporte para pasajeros vivos, pero ellas decidieron acomodarse alrededor del féretro, que había viajado 16 horas desde el D.F. hasta Cuenca. Su destino final: Llacao.
Son las 9 de la mañana y Don José regresa sus actividades diarias: de la cosecha a la limpieza de maleza, alimentar a los pocos animales que le quedan y mirar cómo el sol sale con ímpetu, clara señal del enagaño diario de un Dios embustero que nos hace creer que "mañana será un nuevo día". Dos camionetas negras y cuatro tipos con camouflages negros y pasamontañas lo esperan en su casa, ahora comprende porqué las imágenes de su pequeño jugando en el valle, corriendo, molestando a las vacas, saltando a su alrededor, las veces que llegaba golpeado de la escuela porque deseaba tener el juguete de su compañero, la pelota de fútbol, el día que se fue al ejército y le prometió una mejor vida a su pobre papá, era una película que siempre se perfiló a tener un final triste, pero la esperanza de que el punto de giro termine en final feliz siempre está presente.
El hijo de Don José había sido parte del grupo que asesinó a 72 migrantes hondureños, cubanos, brasileros y ecuatorianos, el mismo grupo donde Christian se unió pensando encontrar la seguridad y el afecto que estas vías generan en sus viajeros buscando llegar a los Estados Unidos y pagar con esfuerzo el dinero que su Margarita invirtió para regresar a Ecuador. Todos sabían que mientras más grande era el grupo, más difícil sería que los secuestren o los maten. Se equivocaron. Los amenazaron, golpearon a los hombres, los metieron en camiones y los llevaron a una finca en medio de la nada, les ofrecieron salvar sus vidas si aceptaban ser parte de su organización, eran jóvenes, trabajadores, personas con mucha fe. Violaron a las mujeres, los maniataron a todos y los acribillaron sin piedad como prisioneros de guerra, de una guerra que nunca se enteraron, que nunca perderán. Sus cuerpos fueron rociados de gasolina para que no puedan ser reconocidos y se fueron sin decir una sola palabra. Ahora Christian regresa a su pueblo y no puede ver que su promesa se ha cumplido. Antes de partir le dijo a su hermano menor "vas a ver que cuando regrese, todo el pueblo va a estar en las calles, esperando mi llegada..."
Margarita tiembla y su pequeño y siente como su adolorido corazón se rompe en finos hilos al escuchar las palabras de su último hijo: "mamita, yo tampoco voy a estudiar, me voy a ir para Estados Unidos, yo sí voy a llegar y le voy a buscar a mi papá, el me va a ayudar a conseguir trabajo pero yo no me voy a olvidar de usted, le voy a mandar mucha plata para que después se regrese, capaz estando allá mi papá y usted se hacen de a buenas otra vez y nos hacemos una familia de nuevo, eso también quería hacer el Christian". Pero ahora Margarita puede dormir tranquila, ella le pedía todas las noches al Señor de Llacao que le cumpla su milagrito: "devuélveme a mi niño señor, así sea el cuerpito para poder enterrarlo cerca de su madre"...

jueves, 10 de febrero de 2011

el apocalipsis


De pronto, me di cuenta que el sol se había teñido de rojo, los recuerdos caían alrededor del campo de batalla fusilados de las inclementes ráfagas de dolor, la brújula decidió que el norte está demasiado lejos como para apuntarlo y yo simplemente perdí el control.
La ventaja de tener las alas rotas es que nadie daría un centavo por verme volar, pero algo me decía que tenía que intentarlo. Las botas negras siempre han sido una buena opción para no dejarme caer, porque mis piernas no soportan el peso de la desidia y tu ejército de palabras crece con armas de destrucción masiva, bombas de vacío, granadas de rencor, ametralladoras de desdicha y los ya famosos y muy utilizados cuchillos de la desesperanza.
Nunca me gustaron las películas de espionaje, pero esta vez tuvieron el efecto deseado: "uno busca lo que no se le ha perdido", y tu escudo, siempre frío y atemorizante pudo más, nunca te atreviste a hablar de lo obvio. Recuerdo cuando este campo de batalla estaba lleno de pasión, flores amarillas y olor a paraíso; hoy solo quedan cadáveres, gritos, sangre, oportunidades mutiladas y dos corazones desangrándose... Fuimos víctimas de los asesinos de los errores, de nuestra inexplicable y asquerosa necesidad de ser uno ante el otro, en el filo de la pendiente está una bandera, manchada de rojo carmín y maltrecha, es un bajo de seis cuerdas, como seis son tus pecados, que han atravesado el parche de un redoblante negro... veo que haz decidido y las banderas blancas habían sido robadas, los "chances", secuestrados; estaba de pie en un campo de guerra donde hace mucho tiempo que había perdido la guerra, los gritos de los recuerdos heridos son más hirientes que las mismas balas, solamente alcanzo a agarrar los corazones muertos de los dos, nunca permitiré que profanen sus restos, pero ahora, sin corazón, sin alas y sin memoria, debo darle la espalda a esta masacre. "La traición se castiga con la muerte!" es el grito de los pocos soldados que quedan de pie, pero la primera traición cometida fue la mía, hacia mi propia dignidad, hacia esa vida que te ofrecí y que tú simplemente decidiste bombardearla,;mientras camino en el desierto, encuentro el recuerdo de cuando vimos "el cuervo", justo en el momento en que la niña encuentra el disco de la banda de Eric Draven, con su canción "no siempre lloeverá". Recuerdo que yo jugaba a ser el cuervo, y que defendía con la vida que ya no tengo a mi mujer amada, tu!. Agradezco que me hayas enseñado ese "flash forward" donde nos hacíamos uno, donde convivíamos juntos y nos disfrazábamos de Clark Kent y Lois Lane, yo tu superhéroe y tu mi mujer amada, el disfraz de Sanzo y Quijote, donde juntos vencemos molinos de viento y el disfraz de tú y yo siendo felices.
La ventaja de vivir el apocalipsis es que todavía me queda el disfraz de demonio y puedo caminar recto hasta el averno sin ser descubierto...

lunes, 20 de diciembre de 2010

En todo este tiempo sin escribir:

Leí un par de cartas

Escuché 3 canciones buenas

Se me grabó en la memoria unas 15 canciones malas

Compré mi batería

Entré a estudiar batería

Volví a la casa de mis padres

Dejé de leer y me dediqué a ver películas por cable

Me estanqué mentalmente

Subí unas 10 libras

Perdí el norte

Aprendí a decir NO

Me olvidé de decir NO

Me asaltaron

Me endeudé

Bebí en algunas ciudades del Ecuador

Estuve en México

Me di cuenta de cuanto tiempo había pasado...

Me deprimí unas cuantas veces

Reí hasta el cansancio otras cuantas

Reactivé mi cuenta

Y volví a escribir...

martes, 19 de enero de 2010


Era tan soñador que tenía una colección de baquetas sin tener una batería en casa, caminábamos por las calles como si fuéramos los dueños del mundo, las tardes eran para planear las presentaciones, lascar los pantalones y romper los botones de las camisas porque las barreras, por más mínimas que parecieran, eran detestadas. En las mañanas subía el volumen y tocaba la batería como si de eso dependiera mi existencia, quería romper los parches de la cotidianidad, afinar la disonante pasividad de una casa que olía a normalidad, era inaceptable tener reglas, límites, fuimos los hijos bastardos de una industria cultural que renegaba de ser industria. Me gustaba ver al espejo y mirar al olvidado transgresor intransigente que tenia una camiseta negra con el nombre de su necedad serigrafiada; soñaba con noches sin amanecer y estridencias eternas. Los fines de semana apostaban a las ilusiones, inquietantemente iniciamos nuestra empresa musical, escribíamos sin parar y dibujábamos lo que el corazón vomitaba... le buscábamos mil nombres a una agrupación que se llenaba de bajistas, guitarristas, cantantes, bateristas... todos éramos amigos, nadie se hacía daño y todos se cuidaban como hermanos de sangre. Yo recuerdo haber suspirado en el bus de regreso al colegio cuando esuché que Kurt Cobain murió, y escuche "Smells like teen spirit" hasta que mi cassette fuera devorado por la vieja grabadora de mi hermana, recuerdo golpear la pared de mi habitación cuando miré la muerte de Lane Stanley pero nada causó mayor dolor en mis entrañas que las palabras de mi madre una tarde de vacaciones. Fuimos a vivistar a unos parientes, quienes habían cedido al pedido de su nieto, quien había pataleado por una batería. Mientras me recriminaba a mis adentros cómo es posible que un cretino pueda conseguir todo lo que quiere con un lloriqueo, mi madre contaba, a modo de anécdota, cómo se opuso firmemente a que mi padre y hermano compren una batería para mi, porque pensaba que iba a sucumbir a los vicios y terminaría siendo un don nadie.
Hay días que amanecen con tanta urgencia que simplemente no quieren ser vividos y pasan "volando"... y los sueños, las pesadillas y el calor de una taza de café huyen del viento, así transurrieron mil centurias, ya no grito de dolor, ahora lo ahogo en medio del cinismo de la cotidianidad, bebo whisky en bares y no tomo en las esquinas porque lo consideo "peligroso" (o ese es el sentimiento que la gente necesita sentir), me pregunto todas las mañanas como hacer feliz a la gente y sigo intentando, con menos pasión y más técnica, frenar tanto sueños que quedan desangrados en el camino...
Ahora puedo diferir una batería a 12 meses sin intereses a pesar que mi familia no comprende como puedo ser tan imbécil y yo no entiendo como pude pasar mas de 15 años sin una...

miércoles, 13 de enero de 2010

padre e hijo...


Todavía recuerdo las mañanas oscuras y frías, donde una luz tenue empezaba a aparecer de la nada, como un rayo láser que destruía a los monstruos debajo de la cama y adentro del guardarropa. Escuchaba tu voz, la misma voz chillona, aunque un poco más fuerte que ahora, más dominante. Antes me molestaba como nada en el mundo cuando empezabas a tararear el sonido de una trompeta militar, y el grito que retumba las paredes de mi cóclea "personal de guardia!!! dos! treees!, levantarse!!!", de pronto, un beso áspero, tosco pero lleno de amor llegaba a mi frente. Yo sólo podía fingir que la luz no molestaba mis ojos y seguía atrapado en un tormentoso sueño. De pronto, me decías "mira, ya llegó el pajarito a despertarte, escuchas como canta? esta diciendo que ya te levantes, que ya es hora de ir a la escuela", yo, ingenuo y esperanzado en poder verlo, me levantaba de un salto hasta la ventana para poder espiar. Muchas veces grité a los cuatro vientos que no deseaba ir a la escuela, estaba harto de ver tantos niños cansados, dormidos, tragones, hostigadores, caminando lentamente por los pasillos en dos filas hasta las aulas, tan largas y frías como un teatro viejo. No siempre fui un niño brillante, a menos que tenga que hacer una que otra travesura, como cuando armamos un frente de lucha con 50 niños más y armamos una gresca monumental en la cancha de fútbol, era lo más parecido a la tercera guerra mundial de los pitufos o algo por el estilo, de pronto, un niño agarró una piedra y me rompió la nariz; con los ojos llorosos en el piso, solamente podía ver siluetas de niños que gritaban "se murió, mira la sangre!"; yo solamente podía pensar en la zurra de mi madre y el griterío amenazante de mi padre, mis últimas palabras fueron "me cague"... Poco después estabas ahí, con una mirada absorta, pero lleno de amor. Me acogiste entre tus brazos, como un héroe salvando a una víctima, me llevaste a un lugar seguro y ahí pude sanar. Tantas noches y tantas mañanas estuviste ahí, sentado en mi cama, preocupado por mí. Hasta ahora lo haces, como si el tiempo se hubiera detenido, pero los minutos pasan, las noches se terminan y ya no somos iguales, tú te lamentas de ya no tener la fuerza necesaria para poder cargarme cuando terminaba rendido en tu cama y llevarme hasta la mía para, despúes del mismo beso áspero, tenderme entre las cobijas. Yo ya no peso tan poco ni mido un metro, ya no vivo contigo y cuando tengo problemas, los trato de solucionar solo. A veces también quisiera ayudarte a detener el tiempo, porque no somos enemigos naturales, soy tu producto, sigues siendo mi héroe, a pesar de haberte dado tantas guerras como si en realidad fuera tu archienemigo, pero, al final del día, una simple mirada superaba la tensión. Alguna vez añoré alguien que juege al fútbol conmigo, que me compre un auto como lo hacián con mis amigos, pero en esa época tonta y oscura me enseñaste algo mucho más valioso: el luchar por lo que uno desea, el valor de los libros, la importancia de la familia, aprender a tener equilibrio en la vida, ahora estoy orgulloso de ti, soy el peor de todos tu hijos y el más agradecido, me hiciste crecer, me enseñaste a levantarme y me demostraste con tu ejemplo que el derecho de ser hombre radica en la combinación perfecta entre ser ogulloso y valiente, amoroso y tierno, fiel y noble. Me enseñaste a luchar por mi familia, a querer a una mujer, a trabajar, a cuidar el cuerpo, a errar y a mejorar. Ahora me has dado la batuta, ahora soy yo el que tiene que predicar con el ejemplo, el que debe tararear una trompeta militar y cargar entre sus brazos como un superhéroe a su víctima rescatada, la ventaja de estas épocas radica en el hecho de que todo problema tiene una respuesta, existe el remedio de toda enfermedad, la cura para todo mal y productos para toda necesidad; ahora existen escuelas para padres, folletos y guías para el usuario, especialistas y terapias, pero existe una realidad: uno nunca aprende a ser padre, peor aún a ser hijo, y aunque se que no fui el mejor, creo que tuve el privilegio de tener al mejor de todos. El día que te vayas, se que volverás todas las mañanas a mi ventana y trinarás para despertarme. Algún día, si mi hijo escribe sobre mi, sabré que mi vida ha sido dichosa y de verdad he cumplido mi misión.
Gracias Mauro.

jueves, 7 de enero de 2010

el camino...


Dame fuerza y un poco de incertidumbre, cuida mi espalda y agarra mi mano, ya no puedes mirar a través de los ojos de ese niño callado que juega a la pelota en el corredor de una casa antigua? no te preocupes, mientras no te acostumbres a callar, todo esta bien, hasta que termines de gritar, las cosas empezarán a cambiar. En este microuniverso de los dos, las palabras le dan vida a las estrellas y a la luna de queso, tu mirada se ha encayado en la incipiente soledad olvidada debajo de tu cama. Te puedes recostar sobre mi hombro mientras viajamos hacia las montañas de tu pubis ingenuo, inhóspito, salvaje; no necesito correr mucho para saber hasta dónde tengo que llegar, solo quiero estar sentado en la punta de tu deseo para verte caer al infinito.
Redoblarán mis tambores y saltarán tus palabras, nunca sabes cómo terminará la historia pero siempre quieres vivir en ella, a fin de cuentas, siempre caminas hacia el crepúsculo de mis canciones y en mis cuentos amorfos terminas siendo la princesa encerrada en el castillo de las desilusiones mientras yo, el intento fracasado de ser un príncipe azul que sigue intentando matar tus dragones y llevarte al final del arcoiris; por suerte, somos antihéroes, personajes en escala de grises, tu no quieres ser princesa y yo fracasé como caballero, pero seguimos luchando, seguimos cabalgando, como un quijote sin armadura y una dulcinea que necesita leer cantares de tiempos remotos y me gusta leerte esos cuentos en el filo de tu cama, a veces disfrutamos más de reventar los pupillos de seguridad que el regalo que lo resguarda. Mejor levanta tu falda, agarra una pistola y salgamos a disparar al viento, las balas no nos alcanzan y la noche recién empieza, no se si soy lo mejor para tí pero no puedo ser lo peor que te haya pasado y eso es buena señal. No tengas miedo, parece que el camino no te va a llevar a ningún lado, pero caminamos juntos y encontraremos la puerta juntos...

lunes, 4 de enero de 2010

intenso, disperso, irreverente...


Ella me observa fijamente con sus ojos duales, acerca su cigarrillo hacia la boca, emprende el misterioso viaje hacia la consumación del mismo. El crepitar minúsculo se encierra en mi oído como si estuviera fumando a pocos centímetros de mí. Yo sólo necesitaba un poco de sol pero nunca es demasiado tarde para ser elegido por la compañía. "He leído a Ray Loriga y ahora puedo entenderte mejor", me increpa, mientras el humo recorre su desgarbado cabello oscuro. No confío mucho en su percepción, en realidad no confío mucho en ella, ¿cómo puedo darle un ápice de confianza a una persona que confía en su intelecto por la cantidad de títulos universitarios?, alguien que cree conocer a los hombres solamente porque ha leído unos cuántos textos académicos, como si los hombres y las mujeres necesitaran de manuales de uso, como si confiara en el divorcio de la palabra y de la acción. No la culpo, a fin de cuantas es un espectro más de aquellos que, cansados de malinterpretar su vida, se refugian en el "logos" para darle sentido y razón a lo que, por necesidad - y un poco de incapacidad - propia, no pueden hacerlo por sí mismas.
Ahora resulta que ella desea entenderme, analizarme, estudiarme como un fenómeno más. Algún día escuchó que "Héroes" reflejaba mi forma de ver las cosas, así que decidió leerlo para encontrar entre sus páginas un poco de teoría.
Cuando leí por primera vez "Héroes", estaba buscando viciosamente desencajar en el mundo. Buscaba entre las opciones más sui generis la opción más acertada, creo que hasta el día de hoy lo hago: “No consigo entender por qué todo tiene que estar bien hecho, no me atrevo a salir de la cama y afrontar todos los días la tiranía de la perfección”; sigo enamorado de un "ángel", de mirada triste, inteligible, áspera, real. “Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, la único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche”.Talvez nunca la encuentre, pero ahora tengo lo que siempre quise, lo más parecido al paraíso, algo que lo puedo definir como amor. Sigo recorriendo el mundo desde mi habitación y sigo pensando que la gente puede ser sospechozamente aburrida e increíblemente idiota: “Está convencida la muy hija de puta, dan ganas de arrancarle una oreja y metérsela por el culo. Todos tenemos una de esas noches de vez en cuando pero todos procuramos no vomitar encima de los demás”, y sigo pensando que tarde o temprano terminaré asesinando a mansalva porque me canse de ser lo que no quiero ser: “Lo que sé: no siempre soy lo que quiero. De ahí la importancia del disfraz. El disfraz es la verdadera intención. La verdadera voluntad. El disfraz obliga.”
-Y entonces? que has aprendido de mi? que has sacado del libro que te ha ayudado a ver quien soy? y entonces ella me dijo: "veo que eres muy parecido al protagonista del libro, y me ayudó a definirte: intenso, disperso, irreverente", no creo que sea la mejor definición, pero sí lo tomo como si fuera algo parecido a un halago. Alguna vez leí que un diario definía la literatura de Loriga como "punkismo sentimental", gente que no quiere estar donde está, irreverentes, necesitados de algo distinto, esclavos de la música, sombras sentadas en las esquinas de las calles, no saben dónde inicia su viaje ni esperan llegar a un lugar específico, pero saben que el trayecto será muy interesante. Así camino, así lo siento, no es lo mejor pero es lo más interesante. Agradezco a Ray y a Irvine, a Kurt y su estridencia filosófica, a Alice in chains y a soundgarden, a Bukowski, Kerouak y a Miller, sobre todo a todos aquellos músicos, poetas, delincuentes, seres sin espacio ni imagen que me enseñaron, que me inculcaron, que me encaminaron afuera del camino, que me enseñaron el valor de no seguir, de no volver, de no arrepentirse y de bailar toda la noche en medio de la soledad...