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sábado, 8 de octubre de 2011

TOYS IN THE ATTIC


Soy un extraño peluche de felpa, mi ojo izquierdo está a punto de descoserse y mi relleno ya no es el de antes, pero a veces llamo la atención, me gusta ser abrazado, aunque mi aspecto dicte lo contrario, la condición de mi ojo sugiere que soy un oso huraño y malhumorado, pero trato de ser feliz y hacer feliz a quienes están a mi lado, pero claro, soy un oso, y por esa razón no debo olvidar que soy un animal salvaje y nunca podrás entender mis reacciones, ya que no soy un animal doméstico... aunque solamente sea de felpa...

Cuando María me vio por primera vez, sentí que debía ser para ella, sabía que sus manitos tersas, pero fuertes, me sujetarían cuando camine con ella por la calle, y que en las noches, velaría sus sueños como un valiente soldado de juguete. Cuando jugábamos en las tardes, siempre fijaba mi atención en sus profundos ojos color de tierra, penetrantes, pero dulces. No podía imaginar las tardes de té sin su presencia, y cuando ella no estaba junto a mi, solo podía soñar en todas las aventuras que viviríamos antes de la cena y del baño de la noche.

Un día, las cosas cambiaron. Es una sensación de intranquilidad ver que ella llegó con un juguete nuevo, era una especie de muñeco, pequeño, de mal carácter. No podía ni quería opinar acerca de su llegada, siempre sucede que mis malos presentimientos acerca de otros juguetes se cumplen, y aunque María es la niña más linda con la que he compartido mis días de peluche, he tenido otras niñas con las cuales jugar antes...

Con el paso de los días, esta figurita empezaba a mostrarse más interesante. Tenía unos botones de colores, cuando los aplastabas, emitía sonidos agudos, gritos, a veces sonaban com disparos, no lo se... los muñecos no vamos a la guerra. A veces me caía de la cama, para llamar su atención, pero no resultaba. María tenía un juguete nuevo y yo simplemente era un adorno más en su recámara.

Despúes de un par de semanas, María decidió dejar de lado a su nueva figura de acción, ella me decía que a pesar de todo, siempre es bueno abrazar a su peluche. Yo solo le creía. Para mí, todas las angustias y las ganas de jugar risk, de adivinar sus pensamientos, de acompañarla en sus noches de soledad y ser una pareja incompletamente perfecta, era todo lo que yo necesitaba... no necesito nada mas! para eso fui creado no?, en fin, a veces tenía el temor de ser olvidado de nuevo, de perderme en el cesto de la ropa sucia, o que la mascota de la familia me atrape en sus fauces y me lleve por toda la casa... En fin, no siempre se tiene sol ni todas las mañanas pueden ser heladas, a pesar de llevar la armonía con todos los juguetes de la habitación, sentía con mi corazón de algodón que algunos querían tener mi lugar, otros me odiaban porque nuca pudieron ser lo que yo soy con ella y otros simplemente me ignoran. Un ratón de ule, viejo, sucio y malgastado, siempre observaba desde un mueble aéreo que estaba encima de su velador, María empezó a sentir que su ratón de ule necesitaba atención, a mi no me gustaba mucho la idea porque no confío en los ratones, cuando le conté que se ratón me parecía eso mismo, una sucia rata, María se enojó tanto conmigo que quiso dejarme en el comedor... y así lo hizo, mientras debía pensar que su ratón de ule fue su juguete favorito en una época, pero es muy complicado abrazar a un juguete de ese tipo de material.

Nosotros los peluches de felpa necesitamos dar amor, porque esa es nuestra función; necesitamos acompañar a nuestros dueños, ser cómplices de sus travesuras y confidentes de sus secretos, pero también podemos hacer daño. Un día María no quería levantarse de su cama, se sentía muy mal. Estaba con mucha temperatura y hasta le sangraba la nariz; su tos era muy fuerte y seca, y a veces hasta se ahogaba... cuando el médico llegó, le dijo a sus padres, después de revisarla, que el peluche que acompaña a la pequeña estaba lleno de polvo y ácaros, y que el cuadro clínico que estaba sufriendo en ese momento mejoraría cuando me aleje de ella. Esperaba que un viento huracanado me lleve lejos, me dolía en el fondo de mi alma de algodón saber que estaba haciendo daño a la niña más linda que algún oso quisiera tener, pero la sentencia estaba marcada... Me llevaron al ático: frío, tétrico, donde la vacuidad y el recuerdo se amalgaman de escalofriante manera y se perfeccionan en el olvido. A veces quisiera tener un helicóptero a control remoto y volar hacia su ventana, el sencillo acto de verla dormir tranquila y descansar es suficiente para que sea feliz, ya no me importa si duerme junto a las barbies que tanto me criticaban, al ratón que tanta desconfianza me producía o al juguete extraño que tanto ruido producía... pero estoy en una caja, con unos cuantos legos, dos muñecas sin cabeza y un bonito teléfono multicolor que quisiera que funcione para hablar con ella y saber que siente.

María subió ayer al ático. Mi corazón de algodón latía tan fuerte que pensé que mientras dormía, un duende había puesto baterías a mi interior; ella pasó frente a mi, ni siquiera regresó a ver, seguramente le dijeron que por mi culpa se enfermó, o que un sucio animal de plástico me ha ofrecido desarmar rompecabezas. ¡Oh Dios! libérame de este pesar! no se que sucede, la veo pasar y no me mira, la escucho cantar y no me habla, estoy solo y necesito estar a tu lado como siempre! porque no lo comprendes?...

Las puertas viejas sin usar hacen un sonido que me deja sin aliento... se ha ido. Ya no me recuerda, creo que talvez, solamente talvez, ella me odie. También creo que me ama tanto que quiere olvidarse de este viejo peluche y seguir adelante con otros juguetes... a final de cuentas, para eso estamos, somos reemplazables, reusables; perdemos valor y vigencia ante la presencia de otro más nuevo y mejor... No existe mejor experiencia que abrir un regalo sorpresa, quitar las envolturas y destruir la caja donde esta nuestro nuevo compañero juguete.

Soy un extraño peluche de felpa, tenía una niña que se llamaba María, ya no quiere jugar conmigo. Creo que ha crecido y ya no le interesa mantaner ni el recuerdo de lo que alguna vez, fue nuestra vida juntos. Vivo en un frío y obscuro ático con otros juguetes viejos. Nos alimentamos del olvido. A veces pienso que sería mejor que nos regalen y alguna niña llene de amor y cariño infinito nuestra vida de hilos y tejido, para poder volver a sentir que nuestro corazón de algodón vuelva a latir. Pero no les voy a mentir, sigo mirando a la puerta, esperando que mi niña venga a rescatarme...

jueves, 6 de octubre de 2011

CONFESION


Yo, solamente puedo confesar que cuando el frío entra por los poros y se aloja cruelmente en mis huesos, es porque te pienso...
Si mi corazón se hiperventila como si estuviera en el filo de una profunda quebrada es porque cada vez que escucha tu nombre pierde el sentido de la armonía... y entre más atacan los recuerdos, más vulnerables se encuentran las sincronías del día a día, donde mi "razón" y mi sobrio equilibrio reposan sobre esta fortaleza... de papel, de juguete, de chocolate.
Confieso haber vivido 7 vidas en 4 segundos, tener un animal hambriento y agresivo dentro de mi mente, un juez que me acusa cada lunes y un verdugo que me sentencia cada domingo. Tambíen me declaro culpable de haber olvidado lo elemental y desechar lo importante, ensimismar el ego y reciclar la inoperancia de mis errores, defender causas imperdibles y trastocar de cartón y fundas de basura muchas de tus ilusiones... LO SIENTO!
A veces es muy difícil tratar de ser quien soy, dejar de lado las posibilidades, encerrarme en una verdad... a veces me olvido que soy humano y que me equivoco 70 veces 7...
Confieso que sigo esperando una nueva oportunidad, una oportunidad perdida, una oportunidad junto a ti... porque es preferible apagar los incendios de este bosque entre los dos que vivir solo en una pradera verde, tanta belleza es imperfecta y ajena...
Nunca has dejado de ser mi cajita de incertidumbres, nunca has dejado de ser mi par...

miércoles, 5 de octubre de 2011

insomnio


Después de escribir, pensar, cantar, llorar, saltar... decido dormir. Sé que te escondes detrás de mis sueños, los más azules, los más rojos, los blancos y los negros... Esta vez no estás caminando por villa oniría, a veces es bueno no penar... de pronto apareces de nuevo, es tu sonrisa un somnífero que me deja aletargado en el tiempo, todo se vuelve gris, opaco, duele tratar de alcanzarte, de acariciarte... parece un sueño... Me vas a golpear con un libro amarillo en medio del ventrículo izquierdo, donde más me pesas!!!... me dejo esperar, me exijo abrazar, me necesito perdonar, me obligo a respirar y me veo morir...
Son las 5 de la mañana y otra vez me has robado el sueño...

martes, 4 de octubre de 2011

el arte de hacer amigos...


"desde el día de hoy quedan institucionalizados estos días de alcohol y divagación! entendido???" yo solamente podía mantenerme en pie gracias a la divina providencia, tal vez olvidé que mi capacidad de apoyar propuestas absurdas tendría sus frutos algún día.
Desde aquel día empezamos a reunirnos en el mismo punto y en el mismo lugar. El lugar era pequeño, oscuro, un poco lúgubre pero tenía dos cosas que lo hicieron el favorito: la posibilidad de fumar dentro del local y la música: ROCK & ROLL.
Las conversaciones iniciaban con una crítica constructiva al día en general:
-mi jefa es una verdadera prostituta! la odio! mientras más me habla, solamente puedo asesinarla de varias formas, ¿y tu día? ¿que tal?
-quiero matarlos a todos, definitivamente necesito una cerveza y un poco de hard rock...
Un cigarrillo, una cerveza, y su "divagación" explotaba... las experiencias de la jornada laboral transversalizaban su interesante posición ante el mundo: ella odia absolutamente todo, o por lo menos esa es la carta de presentación...
La noche se tornaba fría y la música empezaba a bajar de nivel, las cervezas empezaron a sacar nuestros instintos más crueles:
-todos mis compañeros de la universidad eran unos perdedores, ¿sabes?
-yo estaba en tu universidad
-pero tu no eres de los perdedores... ¿o si?
Saltamos a lo que nos une: hablar de riffs, cantantes, solos, grupos, la banalidad tiene 6 cuerdas, las horas siguen pasando y no recordamos que al día siguiente hay que trabajar, en fin, hoy ya no hay más cerveza, un abrazo frío y cada quien a su casa. Han pasado ya 5 semanas igual. Cada semana hablamos mal de todo, de música, de fotografía, de cine, de moda, de la gente. Lo más importante, su incomodidad con el resto, y su frase "what the mind wants, the mind gets"
La siguiente semana, como todos los días institucionalizados, salgo de mi trabajo un poco apurado por la hora, en pocos minutos iniciaremos con nuestra tertulia semanal, al llegar, algo no está bien. Ella está un poco más intrigante... mismo lugar, misma hora... rostro distinto; se acerca, bota su cigarrillo a medio fumar y se acerca a mi oído...
-esta es la última semana que te veo.
Existe en esas historias que tanto nos gusta un elemento clásico: la ruptura. Nuestro héroe no puede ver a los ojos a la bella periodista, sabe que pone en peligro a todo el universo. Yo solo deseo hablar de rock y literatura y beber una cerveza con alguien tan pesimista como yo, nada mas! nunca hablé de amor ni prometí una aventura, solo bebí una cerveza y escuche una buena canción...
Después me doy cuenta de algo... no es un vampiro, no es una diosa de las penumbras, es una niña indefensa que ha hecho lo que no se tenía permitido por el simple hecho de ser honesta y haber sido destruida muchas veces... su refugio lo construyó de metal, de OZZY, de Maiden... de negro; y mientras más te abres a una persona, mientras más compartes, sobre todo, mientras más estás vinculada con esa persona, tus disfraces, tus máscaras se caen por si solas... ella se había enamorado.
Ese día tomamos whisky, cantamos un par de canciones de Mötorhead, fumamos un par de cigarros y nos despedimos... después le dije que lo mejor era hacer "un mes de rehab" como todo rockero que se respeta... porque era más fácil cantar canciones de Metallica desde el abismo que dañar una amistad... y yo sinceramente estoy cansado de llevar corazones rotos en el bolsillo trasero de mi pantalón.

El efecto redundante de la (in)convivencia


El sol que nos abrigaba ayer, hoy no quiere siquiera alumbrar, sientes que a veces tu corazón tiene la misma tonalidad de esta tarde?
Mojas los cabellos que alguna tarde acaricié... no son tan lisos, pero son míos, y al final es lo único que importa; aún sus hebras oscuras caminan entre mis dedos. Ellos también te extrañan.
Sola, triste, enmascarada... el desdén de una sonrisa muy practicada, la necesidad de mostrarte enojada, parca, volátil... esa también eres tu, pero sólo la mitad menos uno... ese uno que te hace falta soy yo.
Insisto en armar rompecabezas en el pasado y burbujas de jabón del tamaño de mi memoria, que vuelen hasta estallar en la punta de tu nariz. No habrán más canciones tristes ni pañuelos de satín alrededor de tu cuerpo maltratado, solamente un par de palabras que, en la medida del silencio se vuelven impenetrables e impredecibles. "La palabra tiene poder" me decía mi madre... pero guardo las palabras que nunca he pronunciado en este bolsillo roto de mi chaqueta, esa chaqueta verde que tanto te gustaba, esa que extraña reposar sobre tu abrigo gris una tarde de domingo, un domingo cualquiera donde la chica del domingo, la que pensaba que ese era su único día, sin darse cuenta que todos los segundos de la mía estaban dedicados a su existencia, paseaba por esas calles vacías con este chico cualquiera sobre el sol de las 3 de la tarde... el mismo sol que nos abrigaba ayer y que hoy, ni siquiera quiere alumbrar...

miércoles, 16 de febrero de 2011

recuerda mi sombra...


Margarita camina como un ser inanimado, su sombra es más tenue y sus pasos más lentos; Daniela, su hija, no tuvo tiempo de cambiar su uniforme del colegio y, al abrazarla, la ayuda a direccionar su caminar hacia las oficinas del trabajador social. Al llegar, escuchó lo que tanto temía y tanto deseaba escuchar: "su hijo ya viene en camino, Margarita, hoy llega a las 6 y40 en el vuelo de la capital".
Don José mira a través de la ventana hacia el campo donde el ágave permanece silente ante tanta violencia que se monta en el viento de la tarde, sabe que la mirada de su hijo ha cambiado, es más fuerte y profunda. Sabe que con el tiempo las personas no pueden volverse tan malas ni llegar a impregnarse del olor de la muerte con tanta facilidad, "es como el olor de un carnicero, pero se que lo disfruta, él ya no es mi hijo" me decía con su voz apagada y temblorosa. Mientras encendía un cigarillo, Don José miraba la foto de su hijo, un portarretrato plateado que estaba encima de un equipo de sonido digno de una discoteca, aunque el viejo caserío donde vivían, a 30 minutos saliendo de Tamaulipas, no llegaba a cubrir la mitad del costo de uno de los parlantes. Cuando salíamos del lugar, dos camionetas último modelo llegaban a la casa de don José, quien maneja la primera es su hijo. "Estos infelices andan así, como si nada, saben que son los dueños de esta zona, pinches cabrones..." me decía uno de los agentes que nos acompañaba.
Cuando llegamos al aeropuerto "Mariscal Lamar", Margarita y "el compadre", se acercaban temblorosos a la entrada VIP de la salida nacional, "recuerdo cuando me subí al avión la primera vez, se me hizo más difícil porque cuando me fui a los Estados Unidos, me fui por tierra mi señor, sentía como un hueco en la barriga y pensaba que me iba a morir verá..." sollozaba mientras su mano izquierda apretaba un pequeño crucifijo amarillo. "Me toco regresar por el mismo Christian, porque ya no quería estudiar, quería dejar el colegio porque se había jalado el año y quería trabajar, imagínese! yo pobre tuve que trabajar una semana seguida en una casa a cambio del pasaje de avión, solo para ver que le pasaba al guambra majadero". Mientras cuenta su historia, se anuncia la llegada del vuelo 155 procedente de la ciudad de Quito. Los oficiales del aeropuerto nos conducen hacia un parqueadero especial, a un lado de la pista de aterrizaje, de pronto, el vehículo que acarrea las maletas trae un cartón cuidadosamente embalado en plástico, mientras Margarita, llora como un niña, desconsolada, sus gritos son silentes, pero al mismo tiempo rompen los grandes ventanales del aeropuerto; el cielo, agrietado y oscuro empieza a llorar desconsolado junto a la pequeña y joven mujer. Tanto dolor en una vida han hecho que Margarita, que solamente tiene 31 años, parezca una mujer de 50. Al abrir las puertas del parqueadero, Diana, su tía y su abuela están esperando a que la carroza fúnebre salga "nosotros también le vamos a acompañar al Christian, solo eso le pedimos señor"; una carroza fúnebre no es exactamente un transporte para pasajeros vivos, pero ellas decidieron acomodarse alrededor del féretro, que había viajado 16 horas desde el D.F. hasta Cuenca. Su destino final: Llacao.
Son las 9 de la mañana y Don José regresa sus actividades diarias: de la cosecha a la limpieza de maleza, alimentar a los pocos animales que le quedan y mirar cómo el sol sale con ímpetu, clara señal del enagaño diario de un Dios embustero que nos hace creer que "mañana será un nuevo día". Dos camionetas negras y cuatro tipos con camouflages negros y pasamontañas lo esperan en su casa, ahora comprende porqué las imágenes de su pequeño jugando en el valle, corriendo, molestando a las vacas, saltando a su alrededor, las veces que llegaba golpeado de la escuela porque deseaba tener el juguete de su compañero, la pelota de fútbol, el día que se fue al ejército y le prometió una mejor vida a su pobre papá, era una película que siempre se perfiló a tener un final triste, pero la esperanza de que el punto de giro termine en final feliz siempre está presente.
El hijo de Don José había sido parte del grupo que asesinó a 72 migrantes hondureños, cubanos, brasileros y ecuatorianos, el mismo grupo donde Christian se unió pensando encontrar la seguridad y el afecto que estas vías generan en sus viajeros buscando llegar a los Estados Unidos y pagar con esfuerzo el dinero que su Margarita invirtió para regresar a Ecuador. Todos sabían que mientras más grande era el grupo, más difícil sería que los secuestren o los maten. Se equivocaron. Los amenazaron, golpearon a los hombres, los metieron en camiones y los llevaron a una finca en medio de la nada, les ofrecieron salvar sus vidas si aceptaban ser parte de su organización, eran jóvenes, trabajadores, personas con mucha fe. Violaron a las mujeres, los maniataron a todos y los acribillaron sin piedad como prisioneros de guerra, de una guerra que nunca se enteraron, que nunca perderán. Sus cuerpos fueron rociados de gasolina para que no puedan ser reconocidos y se fueron sin decir una sola palabra. Ahora Christian regresa a su pueblo y no puede ver que su promesa se ha cumplido. Antes de partir le dijo a su hermano menor "vas a ver que cuando regrese, todo el pueblo va a estar en las calles, esperando mi llegada..."
Margarita tiembla y su pequeño y siente como su adolorido corazón se rompe en finos hilos al escuchar las palabras de su último hijo: "mamita, yo tampoco voy a estudiar, me voy a ir para Estados Unidos, yo sí voy a llegar y le voy a buscar a mi papá, el me va a ayudar a conseguir trabajo pero yo no me voy a olvidar de usted, le voy a mandar mucha plata para que después se regrese, capaz estando allá mi papá y usted se hacen de a buenas otra vez y nos hacemos una familia de nuevo, eso también quería hacer el Christian". Pero ahora Margarita puede dormir tranquila, ella le pedía todas las noches al Señor de Llacao que le cumpla su milagrito: "devuélveme a mi niño señor, así sea el cuerpito para poder enterrarlo cerca de su madre"...

jueves, 10 de febrero de 2011

el apocalipsis


De pronto, me di cuenta que el sol se había teñido de rojo, los recuerdos caían alrededor del campo de batalla fusilados de las inclementes ráfagas de dolor, la brújula decidió que el norte está demasiado lejos como para apuntarlo y yo simplemente perdí el control.
La ventaja de tener las alas rotas es que nadie daría un centavo por verme volar, pero algo me decía que tenía que intentarlo. Las botas negras siempre han sido una buena opción para no dejarme caer, porque mis piernas no soportan el peso de la desidia y tu ejército de palabras crece con armas de destrucción masiva, bombas de vacío, granadas de rencor, ametralladoras de desdicha y los ya famosos y muy utilizados cuchillos de la desesperanza.
Nunca me gustaron las películas de espionaje, pero esta vez tuvieron el efecto deseado: "uno busca lo que no se le ha perdido", y tu escudo, siempre frío y atemorizante pudo más, nunca te atreviste a hablar de lo obvio. Recuerdo cuando este campo de batalla estaba lleno de pasión, flores amarillas y olor a paraíso; hoy solo quedan cadáveres, gritos, sangre, oportunidades mutiladas y dos corazones desangrándose... Fuimos víctimas de los asesinos de los errores, de nuestra inexplicable y asquerosa necesidad de ser uno ante el otro, en el filo de la pendiente está una bandera, manchada de rojo carmín y maltrecha, es un bajo de seis cuerdas, como seis son tus pecados, que han atravesado el parche de un redoblante negro... veo que haz decidido y las banderas blancas habían sido robadas, los "chances", secuestrados; estaba de pie en un campo de guerra donde hace mucho tiempo que había perdido la guerra, los gritos de los recuerdos heridos son más hirientes que las mismas balas, solamente alcanzo a agarrar los corazones muertos de los dos, nunca permitiré que profanen sus restos, pero ahora, sin corazón, sin alas y sin memoria, debo darle la espalda a esta masacre. "La traición se castiga con la muerte!" es el grito de los pocos soldados que quedan de pie, pero la primera traición cometida fue la mía, hacia mi propia dignidad, hacia esa vida que te ofrecí y que tú simplemente decidiste bombardearla,;mientras camino en el desierto, encuentro el recuerdo de cuando vimos "el cuervo", justo en el momento en que la niña encuentra el disco de la banda de Eric Draven, con su canción "no siempre lloeverá". Recuerdo que yo jugaba a ser el cuervo, y que defendía con la vida que ya no tengo a mi mujer amada, tu!. Agradezco que me hayas enseñado ese "flash forward" donde nos hacíamos uno, donde convivíamos juntos y nos disfrazábamos de Clark Kent y Lois Lane, yo tu superhéroe y tu mi mujer amada, el disfraz de Sanzo y Quijote, donde juntos vencemos molinos de viento y el disfraz de tú y yo siendo felices.
La ventaja de vivir el apocalipsis es que todavía me queda el disfraz de demonio y puedo caminar recto hasta el averno sin ser descubierto...